«Don’t worry, be happy», canta Bobby McFerrin en su éxito de 1988. Describe que, aunque en la vida siempre surgen situaciones difíciles, las preocupaciones no cambian nada al respecto, sino que, en todo caso, las empeoran.
Las palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos, que nos relatan Lucas y Mateo (Lc 12,22-34; par. Mt 6,25-34), tienen un tono similar. Jesús comienza con una exhortación que, a primera vista, parece muy extrema. No preocuparse por la comida y el vestido significa no preocuparse por la satisfacción de las necesidades humanas básicas. Que esta exigencia nos parezca tan profunda, tan radical, es precisamente lo que critica Jesús. Como las personas se preocupan tanto por estas cosas, acumulan provisiones y se concentran por completo en satisfacer estas necesidades. Sin embargo, esto deja apenas espacio para otras cosas.
Jesús pregunta a sus discípulos, en la versión que nos transmite Lucas, quién puede prolongar su vida ni siquiera un poco con su preocupación. La respuesta a la pregunta retórica es: nadie. Así pues, si la preocupación no puede prolongar la vida ni siquiera un instante, ¿qué sentido tiene?
Para dejar claro a los discípulos que no es necesario preocuparse por la comida y el vestido, Jesús recurre a comparaciones del mundo animal y vegetal y les explica así que Dios cuidará de ellos. Dios cuida también de los cuervos, que no siembran ni acumulan provisiones, y cuida también de los lirios, que están tan magníficamente vestidos. Así como Dios cuida de ellos, también cuidará de los seres humanos y de los discípulos, y les dará ropa y comida, de modo que no tengan que preocuparse por ello. «Vuestro Padre sabe que necesitáis eso» (Lc 12,30).
Ahora bien, esto no es en absoluto una invitación a cruzarse de brazos y esperar a que Dios cuide de uno. No se trata de dejar de preocuparse por el propio bienestar ni de descargar toda la responsabilidad en Dios, que ya se encargará de todo. Más bien, en su llamamiento, Jesús se refiere a la perspectiva.
Jesús, tal y como lo cuenta de su Padre, tiene claro lo que las personas necesitan para sobrevivir y que lo necesitan. Esto queda muy claro en muchos relatos y parábolas. Pero también tiene claro que Dios se dirige a las personas con amor, se preocupa por ellas y las cuida. Este es su mensaje, su perspectiva, la que intenta transmitir a las personas y la que también intenta transmitir a sus discípulos con estas palabras sobre la preocupación.
Con esta perspectiva, esta certeza que nos prometen las acciones y las palabras de Jesús, la preocupación por lo que necesitamos para vivir y las muchas cosas que de otro modo nos ocupan no tienen por qué desempeñar el papel más importante en nuestra vida. No debemos descuidarlas, pero tampoco tenemos que preocuparnos por ellas, pues esa preocupación no lleva a nada. No mejora nuestra vida ni el mundo.
Si dejamos estas preocupaciones en un segundo plano, si dejamos de considerarlas lo más importante, se libera espacio. Espacio para preocuparnos por lo que Dios quiere y, con ello, también por lo que es importante para nuestro prójimo. Porque la orientación hacia Dios no puede separarse de la orientación hacia el prójimo. El amor a Dios y al prójimo van de la mano. Y podemos dedicarnos a ambos si hacemos caso a la exhortación de Jesús y no nos preocupamos por todo.
Oscar Cuypers