La morada de Dios entre los hombres
«Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y tampoco había ya mar. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios; estaba preparada como una novia que se ha adornado para su esposo. Entonces oí una gran voz que provenía del trono y decía: ¡Mirad, la morada de Dios entre los hombres! Él morará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; y él, Dios, estará con ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos: ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor. Porque lo que antes era, ha pasado».
Nos encontramos al comienzo de un nuevo año y, sin embargo, tras solo unos días, parece que el mal conocido en el mundo no tiene en cuenta este hecho y continúa sin obstáculos. Ante tantas noticias inquietantes, a más de uno le apetece apagar las noticias o cerrar rápidamente el periódico. Pero la experiencia de la vida nos enseña que, por lo general, esta no es una buena opción. Los peligros que se niegan a reconocer hacen imposible combatirlos. Por eso es correcto y sensato que los seres humanos nos propongamos cosas buenas para el nuevo año, que al menos nos detengamos a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra vida, y, en el mejor de los casos, que saquemos fuerzas para cambios saludables.
El pasaje bíblico del Apocalipsis de San Juan nos muestra, a modo de visión, un mundo sanado, el nuevo mundo de Dios: no para consolarnos, sino como una alternativa orientadora. Tener ante los ojos una meta o un modelo a seguir nos motiva. En el versículo 3 nos encontramos con Jesucristo como morada de Dios entre los hombres. Si miramos hacia él y hacia su vida, también nosotros podremos secar las lágrimas de los ojos y estar al lado de quienes sufren. En Jesucristo tenemos una guía que nos puede ayudar a encontrar un buen camino a través de la incertidumbre del nuevo año. En situaciones difíciles, puede ser útil preguntarse: «¿Qué haría Jesús (en mi lugar)?». Estoy seguro de que obtendrán más que una simple perspectiva diferente sobre su vida y su entorno; contribuirán a construir el nuevo mundo de Dios, tal y como lo describe la visión.
Como palabra de aliento y con los mejores deseos para el año 2025, les dejo la siguiente confesión de fe de Dietrich Bonhoeffer:
«Creo que Dios puede y quiere hacer surgir el bien de todo,
incluso de lo más maligno.
Para ello necesita personas que dejen que todas las cosas les sirvan
para el bien.
Creo que Dios quiere darnos en cada situación de necesidad
tanta resistencia como
necesitemos.
Pero no nos la da por adelantado,
para que no confiemos en nosotros mismos,
sino únicamente en él.
En tal fe
debería superarse todo
temor al futuro».
Barbara Heitfeld