Versículo bíblico del mes - Diciembre de 2024

¡Preparad el camino del Señor! - Lc 3,2b-6

En aquel tiempo, la palabra de Dios se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él se fue a la región del Jordán y predicaba por todas partes el bautismo de conversión para el perdón de los pecados, tal como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías: «Voz del que clama en el desierto: / ¡Preparad el camino del Señor! / ¡Allanad sus sendas!  Que se llene todo barranco / y se allane toda montaña y colina. Lo torcido se enderezará, / lo irregular se convertirá en camino llano. Y todos los hombres verán la salvación de Dios.
 

Juan está en el desierto. Un lugar significativo que, en la Biblia, suele connotar la presencia de Dios, pero también el abandono. En las Sagradas Escrituras, las personas tienen diferentes experiencias en el desierto. No es solo un lugar de retiro, sino que también representa una reorientación que puede convertir a las personas en una nueva creación. El relato de Juan el Bautista en el Evangelio de Lucas describe precisamente esta experiencia del desierto, pero desarrolla al mismo tiempo una dinámica propia: se orienta hacia el concepto central de la conversión (griego μετάνοια – metánoia).

El evangelista Lucas presenta a Juan como un profeta elocuente que no se detiene ante la desdicha que revelará la ira de Dios en el día del Juicio Final, sino que pone la mirada en la esperanza de la salvación de Dios («Todos verán la salvación de Dios», v. 6). Deja que algunas personas supongan que él mismo es el Mesías, el enviado de Dios que libera a la humanidad de su culpa y su pecado. Pero Juan es consciente de su misión: debe preparar el camino al Señor. Juan cumple el encargo de Dios con su predicación y su bautismo. El evangelista da testimonio de que Juan actúa proféticamente con ayuda de la cita bíblica de Isaías (40,3). Como de una sola voz resuena el llamamiento: ¡Preparad el camino del Señor!

El camino del desierto, por el que Juan ha ido delante, conduce desde el reconocimiento de la culpa, pasando por el arrepentimiento, hasta las aguas del bautismo. Topológicamente se refiere a la orilla del Jordán; teológicamente, el agua designa la fuente que, a través del bautismo, permite un cambio radical hacia una vida que tiene (un nuevo) sentido.

Para los cristianos, la conversión significa más que una estrategia de salida del pecado y el bautismo más que el lavado simbólico con agua: el Jordán es, en sentido figurado, la etapa del camino en la que la conversión no solo se hace posible, sino que se exige una decisión vital: ¿quiero ser salvado por Dios? ¿Queremos que nuestro hijo sea incorporado a la filiación de Dios?

El mensaje de Juan el Bautista es contundente: al orientarse hacia Dios y al integrarse en la comunidad de todos los creyentes, se emprende el camino de la vida —que discurre por senderos irregulares y tortuosos a través del «desierto» hasta la meta: Jesucristo.

Miriam Pawlak