Comenzamos la nueva serie «Versículo bíblico del mes» con un tema nada agradable.
El 24 de febrero de 2022, Vladímir Putin invadió Ucrania sin motivo alguno. Esta guerra indescriptible ya dura más de un año. No se vislumbra un final. Nadie sabe qué salida podría haber. Lo único seguro es que ha habido y sigue habiendo innumerables muertos. Cada uno de ellos es uno de más.
La Palabra de Dios tiene el poder de iluminar todos los aspectos de la vida, incluso los más oscuros. ¿Qué dice la Biblia, qué dice Jesús sobre la guerra y la paz?
La carta de Santiago en el Nuevo Testamento intenta dar una respuesta:
«¿De dónde vienen las guerras entre vosotros, de dónde las disputas? ¿Acaso no de los deseos que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no obtenéis nada. Matáis y estáis celosos, y aun así no conseguís nada. Peleáis y hacéis la guerra. No obtenéis nada porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís con mala intención, para despilfarrarlo en vuestras pasiones» (Stg 4,1-3)
Esto es interesante. De manera casi psicológica, Santiago atribuye todas las disputas y guerras a las pasiones y los instintos internos del ser humano. ¿No hay algo de cierto en ello? ¿No surge la innecesaria y devastadora guerra de Ucrania únicamente de las incalculables ansias de poder en la mente (o en las entrañas) de Putin? ¿No se debió la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto en gran medida al cerebro enfermo de Hitler?
El propio Jesús se expresa de forma contradictoria sobre la guerra y la paz. Por un lado, dice: «La paz os dejo, mi paz os doy; no como la da el mundo, yo os la doy» (Jn 14,27).
En cambio, en otro pasaje dice: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Porque he venido a dividir al hijo contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los de la propia casa serán enemigos del hombre» (Mt 10,34-36)
Entonces, ¿qué pasa? ¿Es Jesús el Príncipe de la Paz o un belicista?
Si lo miramos con detenimiento, ambas citas no se contradicen. Todo el mensaje de Jesús anuncia el Reino de Dios, que no es otra cosa que shalom, paz eterna. Él mismo, en su venida, es la paz personificada (Efesios 2,14). Pero es su paz, como dice en Juan 14, no una paz como la que el mundo intenta dar y en la que fracasa una y otra vez. Antes de que llegue la paz eterna de Cristo, en la tierra aún hay espada y división. Sí, al parecer incluso deben existir —ya sea entre Estados y pueblos, ya sea en las familias (¿quién no conoce las tensiones entre hijo y padre, nuera y suegra, etc.?). Esta incómoda palabra de Jesús nos dice: antes de la llegada del Reino de Dios, los enfrentamientos son inevitables. Obligan a tomar la decisión necesaria y traen claridad y justicia —en su caso, mediante un conflicto violento—. ¿O sería mejor, como opinan algunos, que Ucrania se rindiera sin luchar y aceptara una paz dictada por Rusia? Me parece que, también en el sentido de las palabras de Jesús, esa sería una paz falsa, que solo perpetuaría el conflicto.
«Paz en la tierra a los hombres de su agrado» (Lucas 2,14): sí, ese es el Evangelio de la Navidad. Pero hasta que llegue el reino de la paz, debemos vivir, por desgracia, con disputas y guerras. Por eso debemos orar con mayor urgencia: ¡Padre que estás en los cielos, que venga tu reino!
Gerhard Hotze